Autor Tema: VOLANDO VOY, VOLANDO VENGO. 12/08/2016  (Leído 803 veces)

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Desconectado blancabianca

  • Todas las rubias no son tontas, todas las tontas no son rubias.
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                                                              Como cada año agosto, de repente otro verano, el gran éxodo, la  gran evasión, cambiamos nuestra cómoda residencia habitual por enanos apartamentos frente al mar, por hoteles con media pensión que nos cuestan un pastón, o bien nos acoplamos en casa de amigos del alma que de todo hay, el caso es huir lejos de la rutina. Y huimos, soportamos atascos colosales encerrados en nuestro coche lata de sardinas, con los niños preguntando cada tres minutos cuanto falta para llegar desde el minuto cero, estaciones de tren abarrotadas de viajeros, o volando... volando voy, volando vengo.

                                            Hace tan sólo un par de décadas viajar en avión era algo glamuroso, un lujo, los afortunados pasajeros podían disfrutar de una estupenda comida servida por el amable personal de cabina, que antes se llamaban azafatas; había, según cuentan las crónicas de aquellos viajeros, asientos espaciosos dónde -increíble pero cierto- cabían las piernas y hasta podías estirarlas, bueno, yo no sé realmente si esto no serán leyendas urbanas.

 Hoy en día volar es una experiencia muy diferente que te curte y te endurece para los avatares de la vida, actualmente viajar en avión se ha convertido en un horror, tan es así que un buscador de vuelos realizó una encuesta entre los extranjeros que volaban a España y encontraron que uno de cada siete turistas que nos visitan viaja borracho como una cuba durante el vuelo, gente desesperada ante la perspectiva de afrontar un viaje en low cost... o británicos, que esos llevan la botella en los genes.
Y es que la experiencia comienza incluso antes  de que estemos es el aire, sí, empieza en la placidez de tu propio hogar con la facturación en línea, tú te imprimes el pasaje y tú te comes el marrón de tardar media hora porque la página se queda colgada cada dos por tres, es el conocido check-in on line.
La llegada al aeropuerto no es mucho mejor, hay que pasar los controles... que si te quitas los zapatos, el cinturón , los objetos metálicos, las pulseras, el ordenador fuera de tu equipaje de mano, los líquidos de tamaño minúsculo en una bolsa de plástico, oigan ¿no es esto lo que se hace al ingresar en prisión?. Luego pasas por el arco con veinte pares de ojos mirando, cualquier día pasaremos en pelotas, será divertido... bueno, todo sea por la seguridad, vivimos en un mundo lleno de pirados peligrosos, también es verdad.

                                 Hemos logrado pasar el control de  equipajes sin sobresaltos, bien, ahora buscamos nuestra puerta de embarque, ya estamos tranquilos salvo que llevemos equipaje de mano, en ese caso sufriremos otro subidón de adrenalina cuando tengamos que introducir nuestra maleta, en la que hemos metido a presión ropa para un mes, en el medidor de los horrores: 55x40x20cm, rezamos para que la maleta entre ya que en caso contrario tendremos que pagar una pasta, más de lo que nos costó el billete, ya casi hemos superado todos los obstáculos, salvo retrasos imprevistos ya estamos cruzando el finger, normalmente al llegar a la puerta un amable empleado te dice que ya no hay lugar para tu maleta y se la llevan a bodega, tanto sufrimiento para acabar así.
Seguramente la culpa es mía por volar con Ryanair.

                                          Pues nada más queridos amigos, volando voy y nos vemos a la vuelta
                                                                      ¡Felices vacaciones!