Autor Tema: EN REALIDAD NUNCA FUIMOS TAN FELICES. 3/02/2017  (Leído 780 veces)

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Desconectado blancabianca

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                Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve que dice la canción, estamos nosotros disfrutando de una tarde gris tan ricamente y de repente ¡zas! Salta la maldita nostalgia y nos desdibujamos en grises y negros. Estamos una noche cualquiera de copas con amigos cuando inesperadamente suena esa canción y aparece él o ella como un fantasma del pasado, se sienta a nuestro lado y ya nos ha fastidiado la noche otra vez la jodida nostalgia.

               La trampa de la añoranza es así, deberíamos utilizar el pasado como tampolín y no como sofá dijo alguien y estoy absolutamente de acuerdo con esta reflexión, porque aunque según los más románticos la nostalgia es un perfume dulce y triste, yo opino que  refugiarse en ella puede llegar a ser una forma adictiva de vivir, nos quedamos anclados en esos supuestos paraísos perdidos y entonces… entonces nos perdemos el presente, regresar al pasado una y otra vez nos impide avanzar anclados en el eterno lamento por aquello que perdimos, por lo felices que fuimos, por aquellos buenos días perdidos. ¿Vamos a morir de morriña? Menuda trastada esto de la melancólica añoranza, en realidad nunca fuimos tan felices como creemos al recordar, ni tan infelices como creemos ser ahora cuando entramos en modo nostálgico. No hay cosa más bonita que la cadencia de una lágrima resbalando sobre tu mejilla cuando la nostalgia te posee, dicen los románticos, por afirmaciones como esta yo proclamo que la nostalgia es además más cursi que las sábanas de satén, yo prefiero llorar de risa.

                   La culpa de esta historia que nos hace sentir que cualquier tiempo pasado fue siempre mejor la tiene la memoria, esa señora desmemoriada que es muy  selectiva, borra de un plumazo todo lo malo y se queda con los buenos momentos así nos quedamos enganchados de aquella muerta relación porque ese viaje a Venecia fue maravilloso, la memoria ha borrado aquella bronca tan estupenda justo cruzando el Puente de los Suspiros, nos olvidamos de lo hartitos que estábamos del contrario y  a punto estuvimos de hacer la maleta, es la maldita memoria aliada con la detestable nostalgia que otra vez nos engañan miserablemente porque cualquier tiempo pasado no fue mejor, ni peor, simplemente fue anterior y lo pasado, pasado está.

              Hay que bloquear la nostalgia, como hacemos con esos contactos pesados en las redes, si acaso dejar como mucho que asome la nariz un ratito, pero sin permitir que se apodere de nosotros y nos posea. No hay más paraísos perdidos que los que nuestra memoria selectiva inventa, lo mejor está siempre por llegar, por vivir, por disfrutar.
Adiós nostalgia, adiós.