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El mejor de los mejores
03.04.2026.-

Nosotros, quienes nos reclamamos de la fe cristiana, no dudamos en afirmar que existe un único Dios, que responde al nombre de Jesús de Nazaret.

A diferencia de otras religiones, respetamos a quienes se presentan como seguidores de otras deidades. El cristianismo parte del reconocimiento de que la dignidad del ser humano comienza con su libertad y se proyecta en el principio de alteridad o de otredad.

No es mi intención establecer comparaciones —siempre odiosas y capaces de soliviantar incluso al más ecuánime—. Las guerras religiosas han sido de las más drásticas, violentas y crueles de la historia, y aún hoy continúan siendo un factor beligerante de proporciones absurdas e inhumanas; el Medio Oriente y numerosos Estados africanos así lo confirman.

El propósito de estas líneas, enmarcadas en el contexto de la llamada Semana Santa, y específicamente en uno de sus momentos más cruciales —el Viernes Santo, día de la muerte del Cristo redentor—, es resaltar, aunque pareciera innecesario, la significación de Yeshúa para el devenir de la humanidad. Este devenir ha estado marcado, durante más de dos mil años, por la huella de sus enseñanzas y por la acción de su Iglesia que, formada por seres humanos, ha conocido aciertos y errores, bondades y malicias, pero cuyo balance histórico evidencia una contribución positiva.

La incidencia de las enseñanzas de “Nuestro Señor”, como lo llamamos sus seguidores, ha modelado una civilización, una antropología, una filosofía, una normativa y, en definitiva, una manera de ser, pensar, vivir, compartir y aun morir. Ha sido, con victorias y derrotas, un referente moral para el ser humano, cuyas tendencias, tentaciones y compulsiones a menudo comprometen su propia existencia.

Desde el punto de vista cultural, ha constituido además un parámetro decisivo al impregnar y trascender el concepto del ser humano: su valor, su dignidad, sus derechos y su alcance como criatura dotada de libre albedrío. Este rasgo, por cierto, no se observa con igual claridad en otras visiones espirituales o religiosas que, por el contrario, tienden a limitar la pluralidad. Como señalaba el brillante catedrático español Agapito Maestre: “Lo común nace de lo diferente”.

Hoy, la digitalización está acompañada —o incluso precedida— por la matematización predictiva, que avanza ocupando espacios cada vez más amplios. Se habla ya de “algocracia” para describir el papel de la inteligencia artificial y del nuevo paradigma tecnológico, que no solo se anuncia, sino que comienza a consolidarse como un nuevo orden institucional.

La desespiritualización es uno de los resultados de este proceso, junto con otros fenómenos que configuran una nueva época. Sin embargo, esta etapa aparece ensombrecida por una persistente morbosidad: el uso de la violencia en línea y de un aparataje tecnológico que, de forma inquietante, parece retirar al ser humano del campo de batalla físico, solo para trasladarlo a una guerra electrónica, a veces casi fantasmagórica.

Surge entonces una pregunta inevitable, vinculada a lo ya expuesto: ¿en ese vasto metaverso en el que nos encaminamos a vivir, hay espacio para Dios?

Más aún, ¿puede Occidente subsistir en el frío pragmatismo de las individualidades que la aceleración de la diversidad parece imponer? Otras civilizaciones —como el islam—, entendidas aquí como sociedades teocéntricas que agrupan a miles de millones de personas, así como sistemas políticos no democráticos ni pluralistas —como Rusia, China o Corea del Norte—, comparten rasgos de naturaleza marcadamente totalitaria y prácticas que tienden a absorber al homo actualis sin mayor reserva.

En este entorno complejo, marcado por potencias agresivas y dinámicas depredadoras, la tradición asirio-judeo-greco-romano-cristiana enfrenta el desafío de mantenerse sin perder su esencia. La fuerza centrífuga de los tiempos la ha transformado y, quizá, en ciertos aspectos, deformado. Ya hace un siglo, Oswald Spengler advertía sobre la decadencia de este modelo de vida y pensamiento que, irradiado desde Europa hacia América, sigue siendo un referente cultural y antropológico. La apuesta, sin duda, es riesgosa.

No obstante, aún contamos con un recurso que permite albergar esperanza. Como sugeriría Arnold Toynbee, Occidente, en su diversidad, podría superar el desafío histórico que enfrenta. Ese recurso es Jesús y su energía espiritual y afectiva, sustentada en los más nobles sentimientos humanos: el amor y la caridad, la libertad y la otredad, la fe y la esperanza.

Occidente es, en buena medida, cristianismo. Y, a pesar de quienes lo conducen, conserva un fondo impregnado de esa esencia y un resorte moral que aún puede activarse. Jesús, en su humildad, sencillez y bondad, se presenta como el mejor guía en medio de la confusión de nuestro tiempo.

¡Bendito sea Dios!

nchittylaroche@gmail.com
@nchittylaroche
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Noticias Nacionales / Re:PSOE
« Último mensaje por Saude Pavón en 24 horas »
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Las cenizas del sanchismo
El sanchismo muere exactamente igual que mueren los sistemas parasitarios en la naturaleza, de forma estrepitosa y ruidosa en el preciso instante en que el huésped que lo alimenta decide rebelarse. Montero es el último sacrificio de un jugador que se ha quedado sin cartas marcadas y sin crédito. Cuando su proyecto arda en el sur, el espeso humo de la demolición llegará directamente hasta los despachos de Bruselas, donde ya se observa con indisimulada preocupación la deriva institucional de la cuarta economía de la eurozona. Los ritos simbólicos y las inmolaciones de peones no detienen los colapsos históricos; simplemente los convierten en un espectáculo inolvidable para el espectador.

Llegados a este punto de no retorno, el análisis político nos obliga a dejar de mirar exclusivamente a los culpables de la Moncloa para empezar a mirarnos al espejo a nosotros mismos como sociedad, ¿Y sí esta calculada hoguera andaluza no salva al líder supremo de su destino inexorable, sino que, por el contrario, termina prendiendo la mecha de la gran traca final que reduzca a cenizas todo el tinglado de poder que construyó sobre la mentira y la división de los españoles?

Pero la pregunta más incómoda, que verdaderamente no debería dejarnos indiferentes como ciudadanos, es otra: ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir aceptando que nos gobiernen mediante la puesta en escena de sacrificios rituales en lugar de con una gestión real de los problemas? ¿Hasta qué punto hemos sido cómplices, con nuestra indolencia o nuestro silencio, de un sistema que prefiere quemar a sus propios fieles antes que reconocer que ha roto los lazos de igualdad entre los españoles?

Cuando el humo de la pira de Montero se disipe y solo queden las cenizas de su partido, la verdadera prueba no será ver cómo cae el sanchismo, sino descubrir qué clase de país hemos dejado que quede debajo de sus ruinas. ¿Estaremos listos para reconstruirlo, o nos habremos acostumbrado tanto al espectáculo de la hoguera que solo sabremos pedir un nuevo sacrificio?

Es la hora de Andalucía y los andaluces tienen que hablar ante España.
Saude Pavón. @SaudePavon
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Noticias Nacionales / Re:PSOE
« Último mensaje por Saude Pavón en 24 horas »
El auto de fe de las Marismas: Montero y la inmolación ritual del sanchismo.
03.04.2026.-

De la teoría del chivo expiatorio a la hoguera andaluza: el envío de Montero al sur no es una estrategia electoral, sino el último sacrificio de un líder sin relato.

El rey sagrado
La antropología política nos ha legado una verdad que resuena con siniestra precisión en los pasillos de la Moncloa: Cuando el poder pierde su capacidad de seducción sobre las masas, abandona el consenso y se sostiene en el sacrificio. En las estructuras de dominación más primitivas, analizadas en La rama dorada, el rey sagrado nunca falla. Si las cosechas se pierden, si el ganado muere o si las fronteras ceden ante el enemigo, la tribu no culpa al monarca; necesita una víctima propiciatoria. Alguien que cargue con los pecados colectivos y cuya muerte ritual restaure el orden cósmico y la ilusión de control.

Tras los colapsos tectónicos sufridos por el socialismo en Extremadura y Aragón, feudos históricos convertidos en ruinas electorales por el hartazgo del votante, y sin que el muro de Castilla y León baste para frenar la hemorragia, Pedro Sánchez ha levantado el dedo. Ha evaluado con frialdad su corte de los milagros económicos y ha señalado a la elegida: María Jesús Montero. No estamos ante un ascenso orgánico ni ante un premio a la lealtad incondicional. Es el billete directo, con asiento reservado en primera fila, a la hoguera andaluza.

El líder sanchista opera bajo una lógica de supervivencia biológica. En su cosmogonía, el poder no se comparte ni se delega; se patrimonializa. Por eso, cuando el edificio empieza a agrietarse por la base, la respuesta no es la reforma de los cimientos, sino la demolición controlada de los pisos intermedios para aligerar la carga del ático. Montero marcha hacia el sur creyendo que protagoniza una gesta heroica de reconquista, ignorando voluntariamente que en los planos de la Moncloa su figura ya aparece como material de derribo.

El chivo expiatorio perfecto
Sánchez no mueve peones en un tablero político convencional; oficia un rito arcaico. Girard, en La violencia y lo sagrado, disecciona este mecanismo con precisión quirúrgica: para que el sacrificio cohesione de nuevo al grupo en momentos de crisis extrema, la víctima debe cumplir escrupulosamente dos condiciones. Primera, ser lo bastante cercana al líder para que su caída resulte creíble, impactante y significativa ante los ojos de la tribu. Segunda, ser lo bastante prescindible para que el núcleo duro del poder sobreviva intacto tras el estallido.

María Jesús Montero es el arquetipo perfecto de esta teoría. Vicepresidenta primera del Gobierno, rostro hiperbólico del pretendido “milagro” recaudatorio y defensora a ultranza de unas subidas fiscales que han asfixiado sistemáticamente a autónomos, pymes y familias de clase media. Su enorme desgaste político la hace perfecta para el papel, ha sido, durante años, la cara visible y ruidosa de lo indefendible. Enviar a la gran arquitecta del expolio de vuelta al sur no responde a una brillante estrategia de reconquista territorial. Es pura y llanamente, una excomunión revestida con honores orgánicos.

En el hermético universo sanchista, el líder es infalible por decreto; las derrotas electorales son siempre impurezas externas o fallos de comprensión del electorado. Los desastres de Extremadura y Aragón no se leen en Ferraz como consecuencias lógicas de los pactos con el independentismo o de la pérdida de sentido del Estado. Se leen como manchas que Montero debe purgar ahora con su propio cuerpo político antes de que el incendio de la periferia termine por devorar el búnker de la capital.

La estética del expolio
Montero encarna como nadie la podredumbre y la total desconexión del lenguaje político español en la actualidad. Su oratoria no busca la persuasión racional ni el debate de ideas; simplemente envuelve el robo a las rentas medias en un celofán de sonrisas andaluzas impostadas y aspavientos de mercadillo. Marcel Mauss describió el concepto del potlatch; donde en ciertas tribus del Pacífico el jefe demostraba su inmenso poder y estatus destruyendo o regalando sus propios bienes ante la comunidad para generar deuda moral. Montero invierte perversamente este principio, su estatus político se mide por cuánto es capaz de detraer de la sociedad civil y de la economía productiva para cebar la gigantesca y hambrienta maquinaria clientelar del PSOE-Estado.

La ironía de su regreso es de antología periodística. La reina de los cincuenta y dos nuevos impuestos, la misma que en 2023 bendijo la subida del IRPF como “justicia progresiva” para exprimir hasta la última gota de ahorro de las clases medias, tiene ahora la titánica tarea de seducir a una Andalucía que está harta de cuatro décadas de subsidio institucionalizado. Pero el andaluz de este año 2026 ya no es el de los años ochenta. Ha roto definitivamente con la psicología de dependencia del “señorito” de pana roja. Hoy quiere gestión eficiente, infraestructuras reales y respeto a su esfuerzo privado; no más pedagogía fiscal vacía.

Sevilla, Málaga o Granada rechazan de plano el aspaviento andalucista de salón que se activa solo en campaña electoral. Los ciudadanos de estas provincias prefieren la visible bajada de impuestos de Moreno Bonilla y las inversiones que empiezan a llegar sin la losa fiscal del sanchismo. Mandar a Montero a las marismas es un error antropológico de libro de texto; su teatro de la demagogia llega tarde y a una plaza que ya no está dispuesta a pagar por el precio de entrada.

Arqueología de un derrumbe anunciado
Los desastres de Extremadura y Aragón no fueron derrotas electorales corrientes ni fluctuaciones normales del bipartidismo. Fueron auténticas autopsias en vivo del PSOE territorial. El sanchismo devoró sin piedad la socialdemocracia residual y de orden que representaban Guillermo Fernández Vara o Javier Lambán para poder alimentarse y sostenerse sobre el nacionalismo periférico y los herederos de la violencia. Gramsci lo predijo con lucidez, la auténtica hegemonía cultural de un partido político se construye controlando férreamente la narrativa emocional del “pueblo contra las élites”.

Pero el guion se ha roto ruidosamente. ¿Qué pasa en la mente del ciudadano cuando descubre que la élite más arrogante, extractiva e invasora de todo el país ocupa precisamente la Moncloa? Extremadura asiste hoy a la rebelión del mundo rural contra el ecologismo punitivo de salón diseñado en los despachos de Bruselas y Madrid. Aragón contempla cómo su burguesía provincial rompe definitivamente su sumisión histórica al Estado confiscatorio. Sánchez se queda solo en su Falcon, rodeado únicamente del eco mediático pagado y de consignas que ya no generan ilusión, sino hastío.

La caída será verdaderamente épica porque el sanchismo ha dinamitado conscientemente todos sus puentes de retorno con la España central. Al desahuciar al votante moderado de provincias para contentar a las minorías que desprecian la nación, se ha quedado sin relato. Sin una nación a la que apelar en momentos de verdadera crisis, al sanchismo solo le quedan socios coyunturales a los que seguir comprando con el dinero público de todos los españoles.

La pira andaluza ¿Salvación desesperada o fin de ciclo?
En las próximas elecciones autonómicas andaluzas, Montero, proclamada candidata mediante el clásico dedazo divino y sin el engorro de unas primarias reales, afrontará su sentencia definitiva. ¿Qué es lo que realmente viene a vender al sur? ¿Hablará de la “solidaridad interterritorial” mientras su jefe de filas regatea de tapadillo en el extranjero con el prófugo de Waterloo? ¿Prometerá más subidas fiscales para “financiar derechos” que los andaluces ven cómo se diluyen en favor de otras regiones?

La memoria del votante andaluz guarda a fuego su risa estridente en la tribuna del Congreso de los Diputados, gesticulando mientras se vendían competencias exclusivas y la igualdad de los españoles a cambio de unos meses más de alquiler en el poder. Eso no genera cercanía; genera un profundo hastío moral acumulado tras décadas de ver a Andalucía en el furgón de cola mientras el Gobierno central compraba la paz social con las voluntades de la periferia nacionalista. Andalucía dictará ahora su veredicto implacable sobre un modelo que de forma sistemática confundió los presupuestos públicos con su botín privado.

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La franquicia de Puebla: El manual multinacional
   Pero no nos engañemos, Rufián y Montero no inventan nada; son los franquiciados locales de una multinacional ideológica. Mientras el obrero se preocupa por la factura de la luz, ellos ejecutan el manual del Grupo de Puebla. Irene Montero, directiva de este foro, sabe que la estrategia es disolver la sigla para salvar la casta mediante los “Frentes Amplios”
   Laclau y Mouffe enseñaron que el “pueblo” es una construcción retórica, una “cadena de equivalencias” entre demandas dispersas (feminismo radical, ecologismo de salón, independentismo) unidas por un enemigo común.

 El Grupo de Puebla aplica esto de forma industrial. Lo que importa no es la clase obrera, a la que ya no comprenden, sino la red de victimizaciones. En esta factoría de indignación, el lawfare (guerra legal) es el escudo definitivo. Ya no se analizan errores, sino que se presentan como víctimas de una persecución judicial global coordinada por la “derecha mediática”. Es el guion de supervivencia ensayado en Santiago, Buenos Aires o Bogotá, listo para su estreno en Madrid.

El enemigo necesario y los cortesanos del algoritmo
   Para que una tribu se mantenga unida, necesita un sacrificio. Girard explicó que toda comunidad simbólica se vertebra alrededor de un enemigo común. El Frente Popular 2.0 necesita culpar a una entidad externa de su propia irrelevancia, el fascismo invisible, el neoliberalismo ubicuo o el periodista que osa contrastar sus datos.
   El drama es que la sociedad ya no cree en su pantomima. Cuando el rito pierde eficacia, la izquierda radical se devora a sí misma en purgas internas de pureza, sacrificando cada semana a alguien en el altar ideológico.
 
   En la lógica de Bourdieu, el campo político opera con capital simbólico. Habiendo agotado su capital político real (la capacidad de legislar o influir), Rufián y los ex-podemitas se han convertido en administradores de la nostalgia, auténticos cortesanos del algoritmo, pendientes del trending topic. No gestionan, pero moralizan. Se han transformado en una casta de especialistas en señalar culpables pero alérgicos a asumir responsabilidades. El frente ya no nace de las fábricas, sino del guion de producción. Primero se monta el eslogan, luego, se busca una realidad que encaje.

1936 vs 2026: La tragedia convertida en opereta

   El Frente Popular de 1936 fue una alianza real de izquierdas y republicanos que se sostuvo sobre una urgencia social auténtica: La tierra, los sindicatos, el hambre y una movilización de masas. Aquel frente terminó en el desastre de la Guerra Civil, pero nació de un pueblo que existía, sudaba y combatía.
   Hoy, el “Frente Popular 2.0” es una estafa cronológica. Rufián y Montero convocan a seguidores que se indignan desde el sofá mientras esperan un pedido de Uber Eats. Aquellos luchaban por sindicatos; estos luchan por la hegemonía del hashtag. No es la repetición de la historia, es la repetición de la memoria de la derrota, sin el pueblo y sin el riesgo real.
   Marx decía que la historia se repite primero como tragedia y después como farsa. Aquí estamos en la tercera fase: La comedia ética. Si el frente de 1936 terminó en una fractura nacional sangrienta, ¿Qué nos espera del frente de 2026? No nos espera la guerra, por fortuna, sino la irrelevancia de una izquierda atrapada en su propio mito, que se recita a sí misma porque ya no tiene nada que ofrecer al trabajador que madruga.

Nietzsche y la liturgia del vacío

No olvidemos la advertencia de Nietzsche sobre la moral del resentimiento (Ressentiment). La izquierda ritualizada ha convertido la derrota en una prueba de excelencia. Si pierden las elecciones, no es por sus errores, sino porque el pueblo “no está a la altura” o ha sido “engañado”. Esta transvaloración convierte el victimismo en su nueva autoestima. Es la moral de la impotencia convertida en una falsa superioridad política.
   Si aplicáramos los métodos de la etnografía clásica, encontraríamos en este frente todos los rasgos de una tribu en decadencia, símbolos repetidos hasta la saciedad, tabúes morales e himnos de 1936 ante un auditorio que ya vive en otra época. Lo “popular” en este frente es un adjetivo vacío. Los obreros reales, aquellos que lidian con la inflación y la inseguridad, han emigrado a otros pastos políticos o se han sumido en la abstención ante la fatiga estética de ver a millonarios hablar en nombre de la precariedad.
   Como diría Turner, cuando el rito se desprende del pueblo, deja de ser religión para convertirse en teatro de mala calidad. El Frente Popular 2.0 es la antropología viva de un mito en descomposición, una tribu que sigue celebrando la ceremonia sin darse cuenta de que el templo está vacío.
   El nuevo Frente Popular puede seguir citando a los muertos de 1936 y llorando antifascismo, pero yo me pregunto, al día de hoy, cuando el pueblo de verdad ya dejó de responder a sus llamadas, ¿a quién sirve en realidad esta liturgia del resentimiento, salvo a los que se han convertido en sus propios fieles? ¿Y hasta cuándo vamos a seguir financiando, con nuestro dinero, una ficción histórica que solo existe para que cierta élite no tenga que enfrentarse a la intemperie del mercado que tanto predican?
Saude Pavón @SaudePavon
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El Frente Popular 2.0: Arqueología de una tribu sin pueblo.
28.03.2026.-

La resurrección del mito
   España tiene un talento innato para la necrofilia política: El arte de revivir mitos que ya no respiran para evitar mirar de frente al presente. Aquí los cadáveres ideológicos no se entierran; se reciclan en un ejercicio de taxidermia progre, muy en sintonía con esa liturgia del reciclaje que tanto predican desde los altares de la Agenda 2030. Cuando la gestión fracasa, el progresismo nacional recurre a su recurso infalible: El pasado heroico como anestesia moral.
   Recientemente, el encargado de la exhumación fue Gabriel Rufián quien, junto a los restos arqueológicos del universo podemita de Irene Montero, lanzó una propuesta que suena a eco de archivo: La conformación de un “nuevo Frente Popular”. La idea parece extraída de un documental en blanco y negro, barnizada con una pátina de modernidad líquida. El problema es que el nuevo frente ya no se reúne en las cuencas mineras, sino en estudios de podcast con aire acondicionado; no convoca obreros con manos encallecidas, sino seguidores con el pulgar cansado de deslizar pantallas.
 
Como recordaba Mircea Eliade, cuando una sociedad pierde su sentido histórico, busca refugio en el “tiempo circular” del mito. El Frente Popular 2.0 es una liturgia de sustitución para una élite que ha perdido el poder, pero se niega a perder el suelo y la atención mediática. Montero y Rufián escenifican actos por la “unidad de la izquierda” en Barcelona, apelando a una épica de resistencia que ya no se corresponde con su peso real. Es la versión española del Frente Popular de Judea de los Monty Python, solo que sin gracia y cargada a la cuenta del ciudadano corriente.

El limbo de los náufragos
   Visto desde el escritorio de un antropólogo, este frente es un ritual de supervivencia emocional de una élite que ya no tiene clase, solo discurso. Para Turner, las sociedades atraviesan fases liminales, períodos de transición donde se ha perdido la estructura antigua pero no se ha alcanzado una nueva. Es el umbral, el limbo. En este vacío, Rufián emerge como el chamán de la confusión. Los antiguos cuadros podemitas no buscan transformar la sociedad; buscan recuperar significado. Ya no son actores políticos, son nostálgicos institucionales. Lo suyo no es estrategia parlamentaria, es antropología de la pérdida: El intento desesperado de una tribu por no ser devorada por el olvido mediático en un contexto de posclase, donde “el pueblo” es un fantasma simbólico convocado para llenar el vacío de sus propias urnas.

El sacramento de la derrota y la pureza simbólica

   Geertz sugería que la política debe leerse como un “sistema de símbolos”. Bajo este prisma, el anuncio del nuevo frente es un ritual de identidad, no un programa de gobierno. Cada eslogan “unidad popular”, “alerta antifascista”, “resistencia” funcionan como fetiches lingüísticos que no describen la realidad, sino que intentan conjurarla.
   Aquí entra la advertencia de Mary Douglas, que dice que toda comunidad amenazada necesita preservar su pureza simbólica para no desintegrarse. En este pequeño frente, lo “puro” es la oposición perpetua; lo “impuro” es el contacto manchado con la realidad administrativa que los ha expulsado. Gobernar los contaminó; resistir los purifica con la épica de la derrota. Han convertido el fracaso electoral en un sacramento de santidad ideológica. Mientras tanto, los problemas que dicen abanderar, alquileres imposibles, inseguridad, cesta de la compra, permanecen como promesa ritual, siempre invocados en el mitin, siempre ignorados en el presupuesto.

La rebelión del señorito satisfecho

   Conviene recordar de dónde viene el nuevo apóstol. Rufián llegó a Madrid prometiendo estar solo 18 meses antes de regresar a su “República Catalana”; una década después sigue instalado en la capital, ya no para “plantar cara al régimen”, sino para montar una plataforma de izquierdas españolas junto a quienes eran el problema. Su propia formación le recuerda que, si se suma a las “izquierdas españolas”, deberá dejar el partido. Es difícil representar a la vez la Cataluña independentista y el nuevo Frente Popular madrileño, pero Rufián parece dispuesto a intentarlo mientras el sueldo llegue puntual.
Ortega y Gasset comprendió con una lucidez profética la deriva del “hombre-masa”, ese sujeto convencido de su propia superioridad moral y alérgico a la autocrítica. Lo que en La rebelión de las masas era una advertencia filosófica, hoy es el retrato sociológico de esta nueva alianza.

 El Frente Popular 2.0 es la cristalización de la superioridad moral sin fundamento. Es el “señorito satisfecho” que cree que la democracia le debe la sumisión del resto. Cuando la razón se sustituye por la emoción colectiva, la política degenera en un teatro de variedades.  A esto se suma la “hiperdemocracia”, donde la masa cree que sus estados de ánimo equivalen a razón. Basta con sentirse antifascista para estar exento de revisar las propias ruinas. Cada gesto de desprecio de Rufián hacia las instituciones españolas es una ofrenda en el altar del agravio, si “España es el problema”, él nunca tiene que explicar por qué sigue viviendo de ella. Irene Montero, por su parte, puede encadenar batacazos electorales y seguir hablándole al país como si este le debiera una disculpa permanente. Es la política convertida en un narcisismo de grupo.

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Noticias Internacionales / Re:IRAN
« Último mensaje por Brotes en 24 horas »
El hombre en la arena: Por qué la resistencia organizada de Irán es el verdadero aliado de Estados Unidos
26.03.2026.-

Apenas unos meses después de dejar el cargo, el presidente Theodore Roosevelt, en su famoso discurso pronunciado en París el 23 de abril de 1910, titulado «La ciudadanía en una república», afirmó que «quien cuenta es el hombre en la arena». Esta cita atemporal puede servir de guía a Estados Unidos a la hora de decidir en quién confiar para definir el futuro de Irán.

La Operación Furia Épica fue la decisión correcta. El Líder Supremo está muerto. Se confirma la muerte de su ministro de Defensa, el comandante de la Guardia Revolucionaria Islámica y altos mandos de inteligencia. Durante cuarenta y siete años, este régimen mantuvo al mundo como rehén, y el Comandante en Jefe atacó con precisión y determinación.  Como piloto de la Fuerza Aérea, rindo homenaje a la valentía de esa decisión .

Pero pasé 35 años en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. He planificado y ejecutado operaciones de este tipo. Y les digo, con la franqueza que exige mi servicio: lo que hemos comenzado, las bombas por sí solas no pueden terminarlo.

El cuerpo de Khamenei yace entre los escombros, y la Guardia Revolucionaria Islámica sigue lanzando misiles contra Israel y bases estadounidenses en seis países. Han declarado cuarenta días de luto y prometido represalias que "apuñalarán a Estados Unidos en el corazón". Matar a la cabeza no acabó con la bestia. Nunca lo hace, no sin una fuerza terrestre que termine lo que las bombas empezaron.

Irán no es un desierto plano. Es una nación montañosa de 90 millones de habitantes con un régimen que dedicó cuarenta y siete años a construir sistemas de respaldo en cada estructura de mando y red de comunicaciones. Solo en enero, asesinaron a más de siete mil de sus propios ciudadanos. Acorralados y sin fuerzas internas que los reemplacen, matarán a cientos de miles más. La única forma de lograrlo mediante la fuerza militar requeriría doscientos mil soldados sobre el terreno, en un país cuatro veces más grande que Irak. Ningún presidente enviará esa fuerza. Ni deberían hacerlo.

La pregunta es: ¿cuál es la solución?

La respuesta ya está sobre el terreno.

El 23 de febrero, cinco días antes del ataque de nuestros misiles, aproximadamente 250 combatientes de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (también conocida como MEK) traspasaron el perímetro de seguridad exterior del mismo complejo Motahari que atacamos cinco días después. Se enfrentaron a 8.000 defensores y lucharon durante horas. Con la ayuda de personas del círculo de seguridad más íntimo del régimen, lograron inutilizar las cámaras de vigilancia del interior del complejo de Jamenei. Más de 100 resultaron muertos o capturados. El resto se retiró y espera ser redesplegado.

No se puede fingir lo ocurrido en la calle Pasteur. No se puede irrumpir en un recinto defendido por 8.000 guardias sin años de infiltración de inteligencia, una sólida infraestructura organizativa y una población dispuesta a dar refugio a los combatientes arriesgando sus propias vidas. El régimen puede matar a los combatientes, pero no puede borrar el hecho de que llegaron al corazón de Teherán cinco días antes que los misiles estadounidenses.

Y no se han detenido. Unidades armadas del MEK atacaron la guarnición de la CGRI en Hashtgerd, a cuarenta kilómetros al oeste de Teherán, causando numerosas bajas. En Isfahán, las Unidades de la Resistencia destruyeron los edificios del Ministerio de Justicia e Inteligencia del régimen. Mientras nuestros pilotos atacan desde nueve mil metros de altura, estos combatientes atacan desde las calles de las ciudades iraníes. Ningún misil de crucero puede igualar eso.

Conocí este movimiento cuando estaban en Irak. Los residentes del MEK revelaron información crucial sobre las actividades maliciosas de Teherán en Irak, lo que salvó vidas estadounidenses; una deuda que nunca saldamos. Desde entonces, he visitado a miembros del MEK en Ashraf 3, Albania, y me reuní con la Sra. Maryam Rajavi, presidenta electa del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, en París.

El plan de diez puntos de Maryam Rajavi parece una constitución escrita por los Padres Fundadores: separación de la religión y el Estado, elecciones libres, igualdad de género, abolición de la pena de muerte y un Irán no nuclear.

Cuando cayeron nuestras bombas la semana pasada, su primer mensaje no versó sobre el poder, sino sobre la protección de los civiles y los niños. Rajavi anunció el gobierno provisional del CNRI, preparado desde 1981, y declaró: «Irán no es su régimen. Irán es su pueblo».

No se trata de alguien que espera que Estados Unidos le entregue un país. Se trata de alguien que se ha ganado el derecho a liderarlo.

El presidente Trump es un negociador. Sabe distinguir un activo real de uno falso. Reza Pahlavi, hijo del último monarca depuesto en 1979, no tiene ninguna organización dentro de Irán. Se ha documentado exhaustivamente que el 89% de sus seguidores en redes sociales son bots. Para que llegara al poder, sería necesario enviar 200.000 soldados para coronarlo. No es una alternativa. Es una dependencia.

El MEK llegó a la calle Pasteur sin un solo dólar estadounidense, ni armas, ni soldados. Esa es la definición de un verdadero activo.

Estados Unidos no necesita enviar ni un solo soldado ni ocupar territorio iraní. Reconocer al Consejo Nacional de Resistencia de Irán y al gobierno provisional de la Sra. Rajavi enviaría un mensaje contundente. Debemos abandonar cuatro décadas de demonización contra la resistencia organizada, orquestada por el mismo régimen que nuestras bombas ahora están destruyendo. Nuestras bombas no pueden lograrlo solas, sin una fuerza sobre el terreno. Pero existe una fuerza sobre el terreno, y han pagado este precio con 120.000 vidas.

Las palabras del presidente Roosevelt nunca fueron tan urgentes. El mérito corresponde a quienes están en primera línea. Luchan ahora mismo por los mismos valores que el presidente Trump invocó cuando les dijo a los iraníes: «La hora de vuestra libertad está cerca».

Es el único trato que funciona.
Charles Wald
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Noticias Internacionales / Re:SITUACIÓN EN VENEZUELA
« Último mensaje por Nelson Chitty en 24 horas »
Notas sobre el difícil camino de la redención en Venezuela
25.03.2026.-

Artículo 15. La sociedad tiene derecho a pedir cuentas de su gestión a cualquier agente público.
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. París, 1789.

Artículo 16. Una sociedad en la que no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. París, 1789.

“Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Hoy se tiende a afirmar que el agnosticismo y el relativismo escéptico son la filosofía y la actitud fundamental correspondientes a las formas políticas democráticas, y que quienes están convencidos de conocer la verdad y se adhieren a ella con firmeza, no son fiables desde el punto de vista democrático, al no aceptar que la verdad sea determinada por la mayoría o que sea variable según los diversos equilibrios políticos. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”.
Juan Pablo II (Centesimus annus, 46)

Venezuela deambula entre la perplejidad, la desfiguración y el espejismo. Se ha transformado en un Estado desrepublicanizado, desconstitucionalizado, desinstitucionalizado, desconvencionalizado y sujeto a tutela política y militar, desde una extraña suerte de protectorado ejercido por los Estados Unidos de América.

Sin embargo, su población opone una expectativa mayoritaria que cree que la situación mejorará, más allá de una crisis compleja que ha conducido al país hacia la pobreza, el atraso, la disfunción general de las prestaciones públicas, el daño antropológico y la pérdida de autonomía y soberanía.

Paralelamente, la incertidumbre racional persiste y la emoción se mantiene, como un renovado ánimo que se funda en la esperanza, acorde con nuestro misticismo. La gente cree que llegará otro escenario más temprano que tarde y apuesta a que el país entrará pronto en un período de transformación y progreso.

Empero, cambiar las cosas después de 27 años de una experiencia caótica con nombre de revolución, no es tarea sencilla, ni faena que se pueda acometer sin un genuino y vigoroso compromiso espiritual, ético y moral que sirva de apoyo en la travesía. Más aún cuando quienes dirigen el ejercicio del poder y el mando son los mismos que crearon y alimentaron la crisis que sofoca al país.

Una circunstancia no puede ser obviada: el hegemón del norte impone una estabilización fundada en sostener a Delcy Rodríguez, y a ella se adhieren precisamente aquellos que dirigieron el deletéreo proceso que nos trajo hasta aquí.

A la distancia, se perciben, sin embargo, ademanes tímidos por parte de la clase política gobernante en la dirección de corregir algunos entuertos. La vicepresidenta encargada intenta conciliar, no sin dificultad, propósitos que traen consigo una aporía: pasar de un extremo a otro para sobrevivir y agradar al mismo tiempo a sus nostálgicos compañeros de ruta y al protector imperial, sin dejar de ser, ante quienes, como ella, son la rémora contumaz del orden ideológico a superar.

Una prueba de ello es la Ley de Amnistía, que no resuelve, sin embargo, la tendencia a criminalizar la conducta crítica de la ciudadanía y, especialmente, se mantiene reacia a aceptar el reclamo pluralista y una base de alteridad. Mientras no se deroguen las leyes represivas, no habrá retorno a la democracia ni al respeto de los derechos humanos.

Que Perkins Rocha siga, y no solo él, privado de libertad, se acerca a la situación que anticipaba la Cátedra de Derecho Constitucional de la UCV, que advertía que la interpretación de esa Ley de Amnistía, sin completar la necesaria abrogación de otros instrumentos, traería discriminación y continuidad de la persecución.

La superación de esta agonía que lastra las verdaderas posibilidades de dar el salto cuántico que necesitamos y construir un verdadero cambio para mejor, reside en entender que todos deben aportar desde sus espacios. Nadie tiene la fuerza para alzar la pesada losa que la fallida revolución colocó sobre nuestras espaldas. Ni el mutante chavomaduristamilitarista que nos sigue gobernando, ni la oposición más popular pero inorgánica que reúne a la insatisfecha mayoría ciudadana.

No hay una varita mágica ni energía acumulada en manos de la nación misma. Los que gobiernan deben dar la vuelta e iniciar el despeje de la ecuación. Tienen y deben asumir la responsabilidad histórica. Carecen de legitimidad y la legalidad de la que disponen es precaria, no es sustentable en el tiempo, y sugiere abrir las compuertas para que el país vaya saneándose orgánicamente y curándose las heridas de todo tipo que hoy lo afligen. La salida es pugnar por depurar la contaminada y adulterada legalidad con el remedio de la legitimidad constitucional y legal. ¡Atrévanse!

 Nelson Chitty La Roche      nchittylaroche@gmail.com
@nchittylaroche
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Noticias Internacionales / Re:Argentina siempre igual
« Último mensaje por Brotes en 24 horas »
Había una vez… un juez perseguido
25.03.2026.-

Tengo un poco olvidado el contarles cosas lindas a los nietos. Quizás porque nos tapan otro tipo de hechos… No sé, de cualquier forma, está mal. Vamos a tratar de recuperarnos en un futuro. Hoy no.

Hoy no, porque esta historia no se la puedo contar a ellos, aunque espero que algún día la conozcan. O, mejor dicho, que conozcan a su protagonista.

Justo, en estos días cercanos al Día del Niño por Nacer, estaba leyendo un librito de Alfredo López, Juez Federal de Mar del Plata desde hace más de veinte años: Resistir para reconquistar. Es un hombre de una trayectoria impecable. Ha sido siempre una de las voces más valientes para defender la vida. Contracorriente, obviamente. Y eso, en esta Argentina, se paga. Y caro.

Porque la lucha por la vida, especialmente la de los niños, aunque parezca algo tan elemental como necesario, en este mundo homicida, es heroica. Él se ocupó de dejarlo bien claro: además de antinatural, el aborto es anticonstitucional y viola todas nuestras leyes superiores. Pero, como dice en el libro “si no les interesa la justicia, menos les va a interesar el derecho, que es instrumental y el medio para alcanzar el fin último que es la justicia.”

También, hay que recordarlo para su honra, fue de las pocas voces con sentido común que se oyeron en ese período tenebroso al que llamamos “pandemia” donde el mundo se diplomó de idiotez.

 

¿A quién le sirve que estemos mal?

“El sistema que nos oprime, ya sea por derecha o por izquierda, tiene la misma terminal, que es el poder internacional del dinero. De manera que tanto el liberalismo como el marxismo responden a esos intereses.” (, p. 28)

¡Pobre Juez López! ¡Se ganó con estas denuncias la enemistad de todos los poderosos del mundo! Y como decíamos, eso se paga caro. “El objetivo es el control poblacional”, nos dice más adelante… “Son psicópatas”. ¡Claro que sí! Hagan la lista y todos encajan.

Y claro… es en este orden que se inscriben los grandes crímenes de nuestros días. Y aquí sumemos todo: el aborto es, por cantidades, el peor, pero hay mucho más: las drogas, las ideologías “antihumanas” y, sobre todo las guerras… Las guerras más crueles que haya conocido la humanidad.

En este orden, al Juez López le han indignado especialmente los crímenes cometidos por Israel en sus guerras contra los palestinos. Los ha denunciado con claridad. ¿Alguien puede negar la atrocidad que muestran sus números? Y eso se paga todavía más caro. Una vez más no importa la realidad, sino el relato. Hoy las bombas israelíes atacan a poblados cristianos del Líbano, pero nadie lo denuncia. Y eso que no hay excusa válida, porque allí no hay terroristas.  Silencio… Decir algo conlleva la persecución, la denuncia. Decir algo contra Israel es siempre un acto racista, nazi, etc., etc. Algo intolerable para este gobierno, para el anterior y para cualquiera de los anteriores… Cada vez más. ¡Pobre Juez López! Pero miles de argentinos lo siguen por las redes y le creen.

Y es por eso que hoy está denunciado.

 

LA JUSTICIA INJUSTA

El plenario del Consejo de la Magistratura tiene que resolver en los próximos tiempos su destitución. Nada menos. Se atrevió a criticar al gran poder del Dinero. Se atrevió a denunciar complicidades.

Sí, ya sé que Usted recuerda a los Oyarbides con sus anillitos y corrupciones, o a los Zaffaronis con sus garantismos  y  burdeles, o a los tantos otros que nunca fueron ni serán ni denunciados, ni destituidos. Obvio que no. A esos el poder los termina premiando, porque son cómplices y funcionales.

Lo cierto es que no puede haber paz sin justicia verdadera. Ni en la Argentina, ni en el mundo. Y, como la justicia (política, social, la que quiera), hoy es una palabra vacía, al Juez López lo denuncian y persiguen. Se lo acusa de racismo. ¡A alguien que siempre defendió la vida de los más débiles! ¿No recuerdan sus acusadores que el racismo de Margaret Sanger fue el gran motor del aborto en occidente? Había que “disminuir” la población de “afrodescendientes”, como ahora hay que decir. Del mismo modo que ahora hay que sacarse de encima a los viejos, a los enfermos, a todos los que no encajen con el “mundo feliz” que proyectan sus ingenieros sociales. Para eso están las guerras también, ¿qué se creen? Hay gente que sobra y por eso los quieren exterminar.

 CONCLUSION

Y es robada al libro del Juez López, para que vean hasta dónde llega su atrevimiento: “El sistema está cooptado por el enemigo, razón por la cual debemos encontrar la salida como en un laberinto, por arriba, saliendo del contexto para poder restaurar los valores tradicionales y reconstruir la Nación.”

¿Será posible? Él cree que sí, por eso sigue luchando. Está claro que al Juez López ya lo condenaron. Le hubiese sido más fácil mirar para otro lado… Cuarenta años en la Justicia sin una denuncia echados por la borda… ¿Quién se creerá? ¿Cómo se le ocurre?

Se le ocurrió simplemente porque tiene conciencia y no quiere ser esclavo. No quiere “bajar la cerviz y sumarse al rebaño.” Se le ocurrió porque lleva la sangre del Libertador en sus venas, se le ocurrió porque cuando era joven vio el ejemplo de los que supieron morir en Malvinas luchando contra el mismo enemigo.  Se le ocurrió porque no sabe rendirse, aún en un mundo que solo sabe rendirse. Y se le ocurrió porque está harto.

Harto de un país que, aunque pasen los gobiernos se sigue revolcando en la corrupción. Harto de un mundo se ensaña siempre con los más débiles: con los niños nacidos, que siempre son las primeras víctimas de las guerras; con los niños por nacer que son el objetivo a liquidar por el poder mundial, que siempre es y será homicida.

Él habla de “resistir para reconquistar”. Yo le creo.
 Franco Ricoveri
29
Noticias Nacionales / Re:PSOE
« Último mensaje por Saude Pavón en 24 horas »
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La contradicción es obscena: El Estado tiene recursos de sobra para que un observatorio de expertos analice si un meme es “polarizador”, pero carece de efectivos suficientes para vigilar a un agresor reincidente. Se prefiere invertir en el algoritmo HODIO, que protege la imagen del Gobierno, que en la patrulla que protege la vida de los ciudadanos. Es la estatalización del conflicto simbólico, cuando el Estado entra a definir los términos de la conversación, deja de ser árbitro para convertirse en un jugador interesado que, además es el dueño del estadio y el autor del reglamento. El prestidigitador ha decidido que es más rentable perseguir adjetivos que criminales, porque lo primero alimenta su relato y lo segundo solo expone su incompetencia de gestión.

El chivo expiatorio y la estética del castigo
René Girard recordaba que las sociedades se pacifican sacrificando chivos expiatorios, concentrando sobre ciertas figuras el resentimiento y la culpa colectiva. El odio, en el marco de HODIO, no es una patología a curar, sino un recurso político a gestionado contra el disidente, el crítico, el que señala que el emperador no tiene programa ni presupuestos sino trampas. Se construye una cartografía moral del país basada en desviaciones discursivas mientras se ignora que el principal agente de la polarización se sienta cada martes en el Consejo de Ministros.

No importa que el odio más virulento (ese que destila veneno contra jueces, opositores o periodistas) circule desde las propias cuentas de los ministros; esa categoría no se mide, porque el medidor lo sostiene la mano del poder. Es el triunfo del pirómano inaugurando el observatorio nacional contra incendios. Un espectáculo de cinismo financiado por fondos europeos que debían transformar la economía pero que se han malgastado en edificar un Gran Hermano con lenguaje inclusivo.

¿Quién nos protege del protector?
A nivel cultural, el mensaje de fondo es devastador: La verdad ya no importa; lo único que vale es el clima emocional certificado por el Ministerio de turno. El ciudadano deja de ser un sujeto racional para ser un niño de cristal que debe ser protegido de palabras hirientes por su padre-Estado. El resultado es la infantilización absoluta del espacio público. Debatir se convierte en ofender, e ironizar se convierte en agredir. Se busca una sociedad dócil, donde el único pegamento sea la adhesión inquebrantable a la figura del líder salvador.

Arendt lo avisó, cuando la política se libra en el terreno de las emociones, el poder gestiona sentimientos, no realidades. El detalle más revelador de HODIO es su total ausencia de autocrítica. Es una herramienta unidireccional, se aplica hacia abajo, hacia el ciudadano que protesta; nunca hacia arriba, hacia el despacho donde se decide quién es “fango” y quién es “pueblo”.

Al final, la ironía es que el Gobierno ha inventado un medidor de odio que mide todo menos su propia soberbia. HODIO no es un espejo para que el poder se vea a sí mismo, sino un foco inquisitorial que apunta siempre al disidente. Es un dispositivo perfecto para consolidar un totalitarismo blando. No necesitas cárceles masivas si puedes convertir al adversario en un apestado moral. No lo refutas con argumentos, lo descalificas con etiquetas algorítmicas; no lo debates, lo archivas como “tóxico”. Es la muerte de la dialéctica bajo el peso muerto de la corrección estatal.

En una democracia adulta, el ciudadano tiene derecho a la ironía, a la sátira y a la crítica sin que su voz acabe en un fichero de sospechosos. El odio real se combate con leyes claras aplicadas por jueces independientes, no con aparatos retóricos diseñados para señalar al crítico del mes. Al final, me surge una pregunta que ningún algoritmo de Sánchez podrá procesar, y que las víctimas atrapadas en los fallos de VioGén claman desde su silencio ¿Quién nos protege de este protector que nos vigila los tuits mientras nos deja indefensas ante la vida real? La respuesta, me temo, no se encontrará en ningún observatorio financiado por Bruselas, sino en la triste constatación de que hemos cambiado nuestra libertad por un indicador de pureza emocional gestionado por un ilusionista.
Sude Pavón @SaudePavon
30
Noticias Nacionales / Re:PSOE
« Último mensaje por Saude Pavón en 24 horas »
HODIO: La Piedra Filosofal del sanchismo y la seguridad de casta.
24.03.2026.-

El Estado gasta millones en vigilar tus adjetivos mientras deja a las mujeres indefensas ante la realidad.

Pedro Sánchez ha encontrado la piedra filosofal del progresismo tardío: Medir el mal. No el mal de la corrupción institucional (esa de maletines y aplicaciones de mensajería encriptada), ni el de la inflación disparada que asfixia a las familias, ni el de las listas de espera sanitarias que se han vuelto el nuevo purgatorio de la sociedad española. El gran prestidigitador de la Moncloa ha decidido que lo urgente, lo verdaderamente existencial para la nación, es medir el mal de los tuits. Y lo ha bautizado, porque en la factoría de ficción sanchista todo nuevo fetiche necesita su nombre: HODIO.

Se trata de una suerte de huella de carbono moral que promete vigilar la atmósfera digital para detectar quién contamina con opiniones “inadecuadas”. En este nuevo orden de prioridades, la asfixia económica del ciudadano es un daño colateral aceptable; pero la “contaminación” de su muro digital se ha elevado a la categoría de pecado intolerable contra el santo régimen.

El truco es viejo, pero la puesta en escena es de una sofisticación propia de una distopía de bajo presupuesto. El Gobierno presenta HODIO como una herramienta para “medir y combatir el odio y la polarización”, con la solemnidad impostada de quien ha descubierto la vacuna contra la crispación social. Uno imagina a los asesores de la Moncloa redactando la nota de prensa con el entusiasmo de un ingeniero social soviético: El Estado cuantificará el odio, lo convertirá en dato, en gráfico, en indicador de progreso resiliente. No importa que el mismo Gobierno viva, respire y se alimente de la polarización que dice combatir; lo importante es que ahora puede presentarse ante el mundo como el árbitro neutral de lo decible, como el sacerdote laico de la pureza discursiva. Es, en esencia, la institucionalización de la hipocresía elevada a categoría de algoritmo de Estado.

La Neolengua como rito de paso
Hannah Arendt describió cómo los regímenes modernos sustituyen los hechos por relatos, blindándolos como si fuesen la única verdad posible. El odio, bajo esta lógica sanchista, no es una realidad social a estudiar, sino una categoría política elástica que el poder rellena a conveniencia. Lo que contradice el relato oficial no es simple discrepancia, es un “ataque a la convivencia”, es un “discurso peligroso”. El paso siguiente es tan previsible como aterrador: Si es peligroso, hay que medirlo; si se mide, se sancionar; si se sanciona, se expulsa del espacio público. Es el sueño de cualquier autoritario con ínfulas de psicólogo clínico, convertir la disidencia en una patología monitorizada por el Ministerio de la Verdad de turno.

Antropológicamente, HODIO es un dispositivo ritual de primer orden. Es el mecanismo simbólico por el cual el Estado se arroga la autoridad para distinguir entre lo puro y lo impuro. Mary Douglas explicaba que toda sociedad necesita trazar fronteras entre lo limpio y lo sucio para mantener el orden social. Aquí lo “sucio” no es ya la basura material o la ineficacia administrativa, sino la palabra herética: El mensaje incómodo, el meme irreverente que ridiculiza al líder o la crítica que no respeta el rígido catecismo progresista. HODIO funciona como un sistema actualizado de tabú; hay palabras, chistes y opiniones que automáticamente quedan marcadas como impuras, marcando al ciudadano con una “letra escarlata” digital que lo expulsa de la comunidad de los “buenos”.

El poder como “cuidador”: El rostro de Foucault
El Gobierno, por supuesto, envuelve este control en el papel de regalo del altruismo. Habla de “defender la democracia” y de “proteger a los colectivos vulnerables”. Es un vocabulario cuidadosamente terapéutico, diseñado para que la censura sepa a un dulce amargo, entra con la suavidad de la protección prometida, pero deja en el paladar el rastro áspero de la sumisión. Michel Foucault validaría sus tesis sobre la biopolítica y el poder pastoral. El poder ya no se proclama opresor, sino cuidador. No dice “te vigilo porque eres culpable”, dice “te acompaño por tu propio bien”; no dice “te censuro”, dice “te protejo de ti mismo y de los malos influjos”. Es el control paternalista que te asfixia con un abrazo mientras te pregunta, con tono condescendiente si estás siendo lo suficientemente “inclusivo”.

El paralelismo con la huella de carbono es la clave de este sistema de control. Igual que han conseguido que encender la calefacción parezca un crimen contra el planeta, ahora pretenden que cualquier expresión espontánea sea un potencial crimen moral. Sin embargo, este “cuidado” es profundamente asimétrico y revela una jerarquía de castas que insulta a la inteligencia del contribuyente. Mientras el Estado gasta millones en algoritmos para escrutar si un ciudadano “odia” en la red, destina recursos a la seguridad física de sus tótems mediáticos y políticos. Figuras como Sara Santaolalla o la aristocracia de Galapagar disfrutan de un blindaje pagado con el IVA de quienes apenas llegan a fin de mes. Para la élite, el Estado es un guardaespaldas real; para el resto, es solo un vigilante de ortografía moral. Es el privilegio de la piel fina, la élite necesita blindaje físico, mientras al ciudadano de a pie se le ofrece vigilancia de adjetivos.

La tragedia de la realidad: El fracaso de VioGén
Pero no nos engañemos, HODIO no nace de la nada ni es una flor solitaria en el jardín de la Moncloa. Es la pieza que faltaba para completar un rompecabezas de vigilancia que ya cuenta con piezas tan inquietantes como el Oberaxe (Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia) y la aplicación Alertodio. El prestidigitador ha montado un ecosistema de monitorización que haría palidecer a los guionistas de Black Mirror. Mientras el ciudadano medio cree que estas herramientas son para perseguir delitos graves, la realidad es que sirven para alimentar una base de datos de la corrección política.

Oberaxe no es más que la avanzadilla estadística para justificar la ingeniería social y Alertodio es el botón del pánico para que el vecino chivato denuncie al que no comulga con las ruedas de molino del Gobierno. Mientras tanto, nadie se atreve a preguntar cuánto costará alimentar este nuevo monstruo estadístico. No hay memoria económica detallada, pero cualquiera que haya hojeado un BOE sabe que hablar de inteligencia artificial, licencias tecnológicas y equipos de “expertos” dedicados a contar adjetivos nunca baja unos cuantos millones. En paralelo, la propia Fiscalía y distintos informes alertan de fallos estructurales en VioGén, mujeres asesinadas tras haber pedido ayuda, puntuaciones de riesgo mal calculadas. El Estado paga gustoso para medir el “odio digital”, pero regatea en la única estadística que debería quitarle el sueño: La de las vidas que se pierden por falta de recursos materiales.

Mientras se riegan estos observatorios de lo intangible , la realidad física se desmorona. El sistema VioGén se ha convertido en el testimonio mudo de esta negligencia criminal. La semana pasada de este mes de marzo de 2026, volvimos a contar muertes de mujeres que tenían órdenes de protección que habían cumplido con el rito de la denuncia, pero a las que el sistema dejó solas. El Estado, tan eficiente para detectar un “micromachismo” en un tuit, se vuelve un topo ciego cuando una mujer en riesgo real pulsa un botón del pánico que no resuena en ninguna parte.

Sigue...
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