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Noticias Internacionales / Re:MEXICO
« Último mensaje por Brotes en 24 horas »
El cartel de Jalisco asesina a 14 policías en un ataque en el oeste de México
14.10.19.-

Además del fallecimiento de los agentes, se reporta la quema de patrullas y se requisó armamento a las fuerzas de seguridad.

Un total de 14 agentes de policía estatal han muerto hoy en el ataque perpetrado por el cártel Jalisco Nueva Generación en el municipio de Aguililla, en el occidental estado mexicano de Michoacán, informan este lunes las autoridades.

La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) condena "el ataque en el que murieron 14 agentes de policía en Aguililla, Michoacán", según señala este Ministerio en un mensaje en Twitter. Asimismo, asegura que están "en comunicación" con las autoridades estatales.

"Y ponemos a disposición del Gobierno del estado todos nuestros recursos humanos y tecnológicos para dar con los agresores y llevarlos ante la Justicia", asegura la SSPC, dirigida por Alfonso Durazo.

El ataque ha sido perpetrado y reivindicado ya por el cártel Jalisco Nueva Generación, uno de los más poderosos del país y que tiene especial control de esa región.

Además del fallecimiento de estos policías estatales, se ha reportado la quema de patrullas y se ha requisado armamento a las fuerzas de seguridad.

Aguililla está ubicado en el norte de Michoacán, a unos 80 kilómetros del occidental estado de Jalisco, y es la tierra de Nemesio Oseguera Cervantes, alias 'El Mencho', líder de ese cártel.

El cártel Jalisco Nueva Generación es considerado por las autoridades mexicanas como la mayor organización criminal del país por encima del cártel de Sinaloa, debilitado tras la caída de su líder, Joaquín 'El Chapo' Guzmán.

México padece una ola de violencia en la mayoría de delitos tanto de alto como de bajo impacto. Según los datos más recientes del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, de enero a agosto de 2019 el país ha registrado 23.063 asesinatos.

En Michoacán se registran 1.192 homicidios dolosos en los primeros ochos meses, y sólo 202 de ellos fueron en agosto, el mes más violento del año para este estado, uno de los más pobres del país.

Si se comparan los asesinatos de agosto de 2019 con los del mismo mes del año anterior, el incremento es de más de 46,4 %. Este resultado lo ubica como el tercer estado en el que más creció el número de asesinatos, antecedido por Morelos (104,2 % más de asesinatos) y Sonora (52,9 %).

Se nota claramente la presidencia de López Obrador en el aumento de los delitos.
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Noticias Internacionales / Re:ECUADOR EN LA SENDA BOLIVARIANA
« Último mensaje por Brotes en 24 horas »
Ecuador y la izquierda hipócrita
12.10.19.-

Venezuela no es el centro del mundo ni pretendemos que así sea. Pero si de algo debe servir el drama venezolano es para mostrarle a quienes no lo han vivido directamente, el poder destructivo del comunismo. Si de algo fuimos víctimas los venezolanos fue de nuestra propia soberbia, esa que nos llevaba a repetir sin cesar que aquí no, que Venezuela “no era Cuba” y que lo nuestro era diferente porque “no éramos una isla”. Hoy la realidad es más que gráfica, hasta balseros tenemos.

Hay quienes en Latinoamérica dudan sobre la capacidad moral de los venezolanos para darle consejos a otros países. Quizás tengan razón, que el chavismo haya permanecido más de veinte años en el poder es responsabilidad de todos y cada uno de los venezolanos, los que le votaron y los que no. Algo no hicimos bien como pueblo antes y durante esta etapa tan trágica de nuestra historia para que el resentimiento y el odio se hicieran un proyecto político y ganara elecciones. Pero que nos hayamos equivocado no nos prohíbe contar lo que hemos vivido y no se trata de creernos con superioridad moral, se trata de dar testimonio. Si la región prefiere no escucharlo, no podemos hacer más que esperar que el tiempo y el peso de los hechos hagan su trabajo.

Allí tenemos a Argentina, a las puertas de regresar al poder al kirchnerismo, quienes volverán no solo a vengarse sino con pretensiones de no irse jamás, al menos por las buenas. El kirchnerismo ya probó el sabor de abandonar el poder y no querrán comer otra vez de ese plato. El comunismo es así, llegan para destruir y destruyen para llegar, si no que lo diga Ecuador. El caso ecuatoriano es más que preocupante, porque hay quienes subestiman que esto se trata de un movimiento transnacional que en los últimos años ha perdido fuerza y que ha emprendido una ofensiva para regresar, utilizando todos los medios a su alcance.

Si ustedes quieren ver lo que significa descaro e hipocresía solo tienen que escuchar lo que decía el siempre ególatra y pretencioso Rafael Correa cuando se desarrollaban las protestas pacíficas en Venezuela y lo que manifiesta hoy de los actos vandálicos en Ecuador. Hasta adelanto de elecciones anda pidiendo, lo mismo que pedía la oposición venezolana en un tiempo y por lo cual fue calificada de “golpista” por Correa y sus compinches. Pero es normal en ellos, esta gente no sabe de vergüenza y su mejor trabajo siempre ha sido mentir. La región debe aprender no de nosotros, sino de la historia. Los hechos se producen para estudiarlos, no para ignorarlos; si no lo hacemos, no saldremos de este círculo vicioso de ruina y destrucción que nos ha perseguido por generaciones.
Brian Fincheltub
@BrianFincheltub
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Noticias Internacionales / Re:SITUACIÓN EN VENEZUELA
« Último mensaje por Nelson Chitty en 24 horas »
Es larga la lista de tratadistas y, como antes dije, no hay espacio ni tiempo para abundar acá, por lo cual traeremos a Hauriou, quien mira el asunto desde otra acera, y nos parece racional y convincente.

Maurice Hauriou, que junto con Renard fundarán la llamada Escuela Institucional que se sustenta en la realidad de una hacendosa experiencia social, distingue el carácter finalista de la organización social y construye un referente válido. Sigue la doctrina: “En el apéndice primero a sus Principios de Derecho Público y Constitucional, aborda el problema de la personalidad moral del Estado. Para él, el Estado es, en primer término, un ‘cuerpo (corpus) constituido’, porque tiene una base de organización representativa; está gobernado por órganos, cada uno de los cuales representa al todo. Tiene, además, la pretensión de realizar una individualidad espiritual. En segundo lugar, dice Hauriou, una vez constituido el Estado como ‘cuerpo’, es necesario que se manifieste un carácter moral en el interior de ese ‘cuerpo’, que consistirá en la organización formal de la responsabilidad política de los órganos del gobierno en relación con los miembros del cuerpo. El juego de las responsabilidades en el interior de un cuerpo constituido, corno es el Estado, evidentemente es el que puede mejor conferir al mismo el carácter moral para constituir una personalidad perfecta».

Concluyente, Hauriou hará énfasis en la doble condición propia de la personalidad del Estado que, al tiempo que es una institución social y fundamentalmente política y así moral, es simultáneamente un ente jurídico, capaz y responsable.

Apurados llegamos a lo que constituye el punto central de este sentir, que no por doxa dejará su compromiso con el episteme. Esa entidad compleja que es el Estado es concomitantemente testigo y actor de una actividad que se desarrolla dentro de los límites de la fenomenología societaria y se llama política.

Dicho de otra forma dicho; el hombre y más aún la sociedad que lo incluye y demanda, como ha sido repetido mucho antes, es un sujeto político, interdependiente, racional, comunicativo, material pero espiritual y ese proceso que él adelanta, individual y colectivamente, es de impronta política, siendo que se asume entre los intereses, conflictos, acuerdos y convivencias.

El Estado, por cierto, es político por la misma razón por la que lo es el hombre y es moral por cuanto está llamado a cumplir un rol que le fue asignado por el hombre en el mayor y más importante acto político de la historia, el pacto social.

Ese pacto social que me atrevo a calificar como la obra maestra del artista de la política, es igualmente una construcción ética que establece parámetros de conducta e incorpora una valoración societaria al espacio público, en el que se ha de expresar el ser humano como ciudadano y, además, como el fin que es en sí mismo, templo de su propia dignidad.

El Estado lleva pues en su ADN una genética moral que estará presente en su ser profundo so pena de extraviarse o desnaturalizarse. La política y el derecho son ciencias morales y sobre eso se anuda el sentido de que el Estado debe ser sin embargo en su praxis, en su accionar, una persona moral signando su pragmática de un contenido moral que para algunos se confunde con la política para diferenciarlo de la ética.

Pero cuando a través de su piloto, del gobierno entonces, el Estado se manifiesta hacia otros derroteros, se comporta ya no con ese cardinal político que sirve a la convivencia solidaria, al respeto de todos y a la trascendencia. Si el Estado sirve a pocos no es de todos y para todos. Y ello acaece si se ideologiza y al hacerlo compromete su ethos.

¿Cuándo y como se pervierte el Estado y cuál es su diagnóstico actual? Será el tema de la próxima semana.
Nelson Chitty de La Roche
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Noticias Internacionales / Re:SITUACIÓN EN VENEZUELA
« Último mensaje por Nelson Chitty en 24 horas »
Del Estado como persona inmoral (parte primera)
12.10.19.-

“Nadie se desayuna jamás con el Estado”. León Duguit

Uno de los rasgos de la personería del Estado es aquel que lo reconoce y califica como una persona moral y, desde luego, ¿una instauración?, ¿una ficción?, ¿una entidad que se constituye por el valor institucional que le es atribuido por el propósito trascendente que es su esencia y su razón? A grandes trazos pudiera ser así, pero percibiendo la necesidad de volver a los inicios para hacer balance crítico, planteado como está el debate en torno a su vigencia, haremos un muy sucinto recordatorio como sigue.

La doctrina no es unánime al respecto, porque no es pacífica sino susceptible de polémica y cuestionamiento. La diferencia estaría en la perspectiva de algunos que solo consideran persona al ser físico y niegan tal condición a nada o nadie más. Solo la persona humana tendría y dispondría de libertad, voluntad y responsabilidad.

Claro que, no pretendo en este modestísimo artículo de opinión, profundizar en un encuentro de criterios doctos signados sin embargo eventualmente por posturas ideologizadas o acaso, dogmáticas. No obstante, evocaré que desde el balcón jurídico es posible, racional y conveniente acordar a toda expresión social, orgánica, funcional y representativa, la capacidad de asumir obligaciones y gozar de derechos, entendidos como facultades concomitantes con su membresía social y política, oponibles a otros u otro y de necesario aprecio y consideración del individuo y del colectivo. La civilidad tiene en la normación y en la institucionalización un elemento de realización, instrumental y capital.

Es, pues, el Estado una creación compleja pero encaminada a procurar servir, desde la terraza del “ubi homo, ubi societas, ibi ordo, ibi jus” al propósito estratégico del hombre que en su fragilidad se reúne con los otros y articula una unidad en la paz y para la paz, y además para su desenvolvimiento, desarrollo y expansión como persona humana y desde luego acreedora de dignidad.

Fraguando el hombre hace hallazgo en el Estado, al que convierte en herramienta, empoderándolo para que lo proteja y lo asista. Una realidad trascendente a menudo suscita forcejeos y conflictividades, pero no por ello el modelo teorético deja de ser en lo estratégico una corporación moral, un actor ético político, perfectible además.

Para mejor comprender vale evocar aspectos doctrinarios inevitablemente, aunque con mesura y sobriedad. Pero allí reaparecen las contradicciones y hasta el absurdo. ¿Quién crea a quién: la ley que daría personalidad jurídica al Estado o el Estado que la tiene como su preciado instrumento que, además, como todo el derecho proviene del mismo Estado?

No es entonces un mero asunto legal pleno de sus ontológicas aporías, sino que luce más bien una ficción doctrinal y haciéndolo explica que la ciencia del derecho instituye para asistir a la dinámica humana y lo hace legitimado por la racionalidad jurídica y sociológica cuya impronta básica es moral.

Savigny, fundador de la escuela histórica que afirma que la personalidad moral es una ficción, deriva, a juicio de uno de sus intérpretes, en un meandro por así llamarlo. “Groppali: Las personas jurídicas o morales no pueden ser sujetos de derechos, porque no están dotadas de conciencia y voluntad. No obstante, al reconocer la utilidad práctica de la personalidad moral, se le acepta para tutelar más ampliamente ciertos derechos de grupos colectivos. Pero mientras las personas físicas tienen una existencia real y objetiva, a la personalidad moral no corresponde nada en el mundo externo y tienen por ello una existencia ficticia; se trata de sujetos artificiosos creados por las leyes”.

Duguit acota: «El Estado es una pura abstracción; la realidad son los individuos que ejercen el poder estatal; ellos están sometidos a la acción del derecho como todos los demás individuos».  La doctrina elucida: “Para Duguit no es posible concebir una colectividad dotada de conciencia y voluntad, y la personalidad, dice él, no puede existir sin esos ingredientes de conciencia y voluntad.

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Noticias Internacionales / Re:SITUACIÓN EN VENEZUELA
« Último mensaje por Nelson Chitty en 24 horas »
Por tanto, contrariar el principio del bien que se aloja en el hombre y su conducta propende a su desnaturalización e igual pasará con el gobierno, llamado a ser un agente de realización del Estado y quien lo conduce eventualmente errático, díscolo, tendencioso a la perversión. Puede ello acontecer en el supuesto de que el gobierno acometa contra la libertad del ciudadano o cuando desconozca en su accionar su ethos, es decir, cuando se aleje de su ideal de humanidad.

Discriminar, segregar, marginar son experiencias que privan de su carácter moral al Estado o acaso, peor aún, lo hagan inmoral. Sudán, Burundi, Ruanda y Somalia son ejemplos palpables de la septicemia social que mina la sociedad pública y transforma al Estado depravándolo.

El abandono de los valores espirituales que constituyen el humanismo y por esa vía el ideal de humanidad es posible al alcanzar el común, la ruptura con su compromiso de alteridad. Se corrompe el Estado cuyo gobierno atenta regular y sistemáticamente contra la mundología de la coexistencia, la convivencia, la tolerancia y el respeto. El Estado de algunos o para algunos, ultima, acaba con el Estado que debe ser de todos.

Europa ha reaccionado mal contra los inmigrantes. Inglaterra regresa a sus tradiciones aislacionistas cuando ya no son tampoco una monarquía imperial. No logran entender que el relativismo de sus actuales convicciones echa por la borda sus avances integracionistas y su mayor conquista, en común por cierto, la Europa Unida. Cuidado con lo que puede venir. Cuidado con la injusticia que suele acompañarse de la violencia.

Pero más cerca, oímos a ministros, parlamentarios, voceros de la sociedad civil gritar contra los venezolanos, reclamando su expulsión e instigando violencia en razón del gentilicio en un claro discurso xenófobo y en poco se distinguen de otras usanzas como la del nacional socialismo contra el pueblo judío o los turcos contra los armenios. Ese Estado que tolera o auspicia en su seno tales prácticas deja de ser una persona moral y se trastoca en persona inmoral.

El Estado debe sostener su andamiaje ético y político que no están reñidos y al contrario se complementarían. El gobierno que pulsa la sociedad debe servir al propósito estratégico de la coexistencia en la paz. Debe explicarse e imponerse si fuere menester a los arrebatos y las contingencias sociales.

En Venezuela, se ha establecido el odio de clases como una fórmula de reivindicación social. Además, agredir a contingentes nacionales por su opinión disidente y promover si no su desarraigo, su hastío, su fatiga, su agotamiento, privarlos de lo más elemental, produce una cortadura en la nación, una ruptura, un trauma espiritual y moral y eso solo lo hace un Estado inmoral.

A menudo las revoluciones terminan en ese horrido desastre. Aquella de Francia, la rusa, la china, la coreana, la cubana y por supuesto la de Camboya con su demoníaco Pol Pot, inficionaron de virus personalistas y excluyentes y patologías diversas a esos Estados, hasta interrumpir y conculcar su impronta ética. Fueron y resultaron Estados inmorales y vergonzosos.

Las democracias que relativizan sus valores y ceden sus principios a cambio de otros que se ponen de moda, en el ejercicio de la manipulación del bajo psiquismo de sus connacionales, engendran un monstruo en el Estado, llevándolo a falencias que lo vacían de su sentido ético. Lo pragmatizan y le permiten cualquier cosa.

La razón de Estado y su telos es su funcionalidad como protector social y garantía de la libertad de sus destinatarios y la dignificación de la persona humana que obra en cada uno de ellos. Sin relativismos ni elasticidades. La paz es solo el resultado de la justicia que se encuentra en la conducta moral y su prevalencia.
Nelson Chitty de La Roche
nchittylaroche@hotmail.com, @nchittylaroche
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Noticias Internacionales / Re:SITUACIÓN EN VENEZUELA
« Último mensaje por Nelson Chitty en 24 horas »
No es de un ensayo ligero como este pretender abundar sobre el asunto, pero me he atrevido a su abordaje, por entenderlo para nuestra Venezuela fundamental y de indispensable e impostergable asunción.

El control público de los medios de producción, la centralización hermética, la planificación ideologizada propias del socialismo fracasó en todas partes. Hay que buscar fórmulas más eficientes y más equitativas. El liberalismo de su lado trajo verdades y ademanes útiles, pero también despojó, discriminó, enervó a muchos.

El Estado debe colaborar en la satisfacción de las necesidades de su gente. Para eso, es menester una deliberación y una decisión. Concierne al régimen socioeconómico, a la Constitución Económica como diría Schmitt en 1932 y repite Buchanan en los años setenta del pasado siglo.

La economía es un escenario en que el Estado es y debe ser fiscal y más inclusive, un censor y un regulador pero sin obviar que el mercado ha probado y prueba hoy su significación en el progreso humano. El mal principal consiste en ideologizar las políticas públicas obviando a la gente o pugnando por desciudadanizarla en favor de hacer clientelas políticas y partidistas.

Emerge allí como una postura entre la filosofía y la economía, pero con sentido trascendente y humano, la teoría de la justicia de John Rawls en que el autor presenta a la justicia como equidad y que batallará en el ambiente académico obligándolo a aclarar y corregir sin olvidar que se trató siempre de filosofía moral y desde luego, en la convicción que surge de un presupuesto ético de base y que en lo estratégico nos trasladará a una conclusión que nos obliga a asumir en procura de orden y armonía a los más desfavorecidos y su suerte como nuestro asunto también.

El Estado no puede ni debe ideologizarse. No alcanzaría haciéndolo sus objetivos. El Estado liberal proponía una neutralidad que permitiera a la sociedad económica resolver en su foro interior, el laissez faire, laissez passer, le monde va de lui même. El resultado fue la injusticia manifiesta y con la denuncia ínsita a la cuestión social, erupcionó el volcán societario y lanzó el socialismo y otras propuestas radicales. El Estado fue victimado en el proceso y subordinado a las ideologías que en el resentimiento justificaron sus afanes. El bolchevismo y el nacional socialismo hicieron del Estado un ente maligno y deletéreo.

Del Estado social de Von Stein en 1851 y hasta Héller décadas después,  se hurgó, revisó, indagó, escudriñó y se reencontró el camino que como un faro orienta al Estado moral y es su compromiso social, societario que procura la justicia, pero en el respeto a la dignidad de la persona humana y de su más preciado valor, la libertad.

Brilló el Estado por períodos y llamándosele benefactor apuntó a la justicia en la equidad, trayendo como resultado la elevación de la persona y su mejoramiento existencial. La rutina enseñó a aquellos que no creían que era posible conciliar intereses y consiguió una victoria notable ante el modelo fracasado del socialismo que se cayó sin un tiro arrodillado, postrado bajo el peso de su inhumanidad y su incapacidad.

Si bien nacen y se desarrollan expectativas, demandas, exigencias diversas y los recursos siempre serán insuficientes ante las solicitudes, fuerza es notar que conoció el Estado un momento positivo y fructífero, pero nuevamente se le cuestiona y se le imputan fallas y torceduras. Sigue la historia interrogándose sobre sus protagonistas y sobre sus ejecutorias.

El Estado debe balancear el interés individual y aquel colectivo debe también comunicarse con ese sector que, por marginal, no es menos humano ni menos ciudadano y accionar recordando que la justicia trasciende la ley y obra en el espíritu humano como un trazo visible de la creación divina.

Afirmamos que el Estado es el marco, la estructura político jurídico, el ingeniero normativo, la sociedad que ensambla en el beneficio de todos y allí cambia, modifica, reforma en la constante procura de sus objetivos éticos. Solo así hay un Estado como persona moral. Del Estado ético de Hegel por citar aquel parangón perfecto hemos llegado a otras instancias complejas que lo complican.

¿Cuándo y cómo se pervierte el Estado entonces y cuál es su diagnóstico actual? Dijimos antes que el Estado es el gobierno tanto como este son las personas que encarnan la institucionalidad. A menudo ocurren metamorfosis, mutaciones, regresiones y no será el Estado una excepción.
Para dejarlo claro invitaré a la academia que elucida como sigue: “La actividad realmente humana es aquella por la que se tiende al bien no sólo propio, sino fundamentalmente de otros. El hombre se perfecciona a sí mismo en su actividad, en la medida en que esta se ordena a un bien que lo excede. En definitiva, en tanto se ordena a un bien común que no es otra cosa que el mismo bien humano, pero en cuanto se alcanza en comunidad. Esta es la razón más de fondo del carácter social y, en último término, político del hombre: siendo buen amigo se hace a sí mismo bueno” (Widow, José Luis, Introducción a la ética (Santiago de Chile, 2009).

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Noticias Internacionales / Re:SITUACIÓN EN VENEZUELA
« Último mensaje por Nelson Chitty en 24 horas »
Del Estado como persona inmoral (parte segunda)
12.10.19.-

“El Estado es la substancia ética consciente de sí misma, la reunión del principio de la familia y la sociedad civil». Hegel

Iniciamos la semana pasada unas reflexiones sobre el Estado y su naturaleza y filosofía. Pasamos desde la consideración de su condición de persona moral, además de sujeto titular de derechos y obligaciones, a la apreciación de sus actuaciones advirtiendo que, si bien era un ente jurídico y político, se mostraba también como un ser signado por valoraciones éticas que constituían su razón verdadera.

La paradoja se muestra al advertir que ese Estado que legisla y marca las pautas de vida de sus receptores puede conducirlos al totalitarismo, como algunos quisieron hacer con la presentación ideal del Estado en Hegel.

La teoría no se corresponde siempre con el ejercicio que pretende realizarla y las innovaciones como tentaciones, al principio lucen como enriquecimientos legítimos o, al menos, buenos propósitos o incluso, avances propios de una bella utopía, pero pueden degenerar y devenir atroces e inhumanas.

Nadie puede negar que esa creación del hombre como aquella otra de la democracia sea, racionalmente, una obra capital en la historia societaria, especialmente desde el renacimiento que, con la modernidad, revelan al hombre y le dan sentido humano al poder y a la institucionalidad. Otra vez evocamos a los latinos y, ubi homo, ubi societas, ibi ordo, ibi jus.

Empero lo dicho, es menester admitir que toda empresa humana, individual o social, puede desviarse, extraviarse o contaminarse. Sorprende a ratos, pero allí donde el alma humana mora, hemos visto al bien y al mal. Es bueno no olvidarlo.

En términos sencillos, repitamos que el Estado se pensó para el bien, como nos lo informó Aristóteles al indicar que se orientaban todas las hechuras humanas en esa dirección. Habría, pues, una huella ética caracterizando la conducta del hombre.

Veinte siglos de eclipse de la democracia no han impedido que como el fénix resurja y se postule a la cima de las construcciones políticas y de la política que, mencionado sea, el estagirita ubicó en las ciencias éticas junto al derecho. Ambas, la política y el derecho se distinguirán porque son prácticas, realidades que se objetivarán en el proceso humano dialéctico y perpetuo.

Hoy el Estado es objeto de análisis, mediciones, tipologías, categorizaciones, comparaciones y predicciones. Como diría la profesora Julia Alcibíades y rememorando la Retórica de Aristóteles, puede ser glosado, comentado, evaluado para conocerlo y eventualmente hacerse un juicio sobre él, desde una perspectiva de lo que es, actualmente o creemos que es y, desde una colina para otearlo en el horizonte que se vislumbra en el futuro. Hay con respecto al Estado una ponderación en el tiempo que lo extiende industrioso, “ex tunc et ex nunc”.

Nació pues el Estado para, como instrumentación societaria, asegurar al individuo ante el peligro cierto de los otros individuos. El Estado es la concreción del pacto social hemos afirmado, es el hombre en sociedad, es un ser vivo, activo, presente como el fenómeno humano mismo y como tal, ofrece su concurso además a cada uno y a cada cual. No debe pertenecer a nadie porque es comunitario y así, de todos, cuida y haciéndolo cuidamos nosotros mismos, de nosotros mismos y de los congéneres.

Es pues el Estado una existencia con formas y maneras, usos, modos, que sin embargo perseguiría el bien común y, desde luego, debe ser visto con ese sentido, con ese contenido, con esa potencia, con esa ontología.

El Estado es entonces un hecho político, llamado a hacer política que, como nos ilustró el hijo de meteque y maestro del mundo, es la reina de todas las ciencias y así las cosas, la actriz del teatro humano por excelencia.

Claro que humana la política, también y a ratos, dama de la tragedia que es un episodio frecuente y elocuente de la vida que, llamamos también destino y a veces no es más que eso.

Resumiendo, pues, sencillos y modestos diremos que el Estado es o debe ser una persona moral, un agente del bien, un factor a coadyuvar en la perfectibilidad de la persona humana, en su dignificación, que puede sin embargo mutar, perderse, envilecerse.

¿Dónde radica ese trance? ¿Dónde se degenera el Estado? ¿Por qué? Ese organismo social es por vocación acción y lo que se infiere son resultados, medidas, inversiones, programaciones, ejecuciones, conductas y además convenciones, reglas, obligaciones, gestiones, roles.

En otros términos, y para metabolizar todo ese elenco de elementos concomitantes, diremos que el Estado debe seguridad en todos los órdenes, respeto al ciudadano, equidad, igualdad, solidaridad. Debe también el Estado autolimitarse, controlarse, rendir cuentas, responsabilizarse. El Estado debe cuidarse y cuidarnos del Estado mismo. Debe sobre todo justicia

El gobierno no es el Estado pero, como si lo fuera y por momentos lo es, lo sustituye, lo abroga, lo usurpa. Eso se explica de diversas maneras, pero es claro si describimos la figura del jefe del Estado, la reina de Inglaterra o el rey de España quien representa al Estado para las relaciones con otros Estados; sin embargo, la política exterior no conduce la política exterior ni la decide. Eso es tarea del gobierno.

El Estado es derecho para aseverar y lograr el ejercicio de los derechos ciudadanos. Kelsen jugaba a la ironía y a la mayéutica ante la expresión hoy locución consagrada, “Estado de Derecho.” Como si el Estado fuera otra cosa que derecho. Aunque en substancia se trata de justicia, de dar a cada cual lo suyo y garantizar esa función. El Estado es el derecho mismo y como tal, repetimos, debe justicia

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Noticias Internacionales / Re:SITUACIÓN EN VENEZUELA
« Último mensaje por Brotes en 24 horas »
El relato que funda a Venezuela debe ser revisado para apuntalar la primacía de lo civil y la aceptación cabal de nuestra raíz española -raíz principal- sin complejos de inferioridad ni subordinaciones anacrónicas. Subrayemos que el mejor tiempo de nuestra vida republicana -y por ello el más denostado por el chavismo- fue uno en donde los civiles mandaban, los derechos de los individuos eran razonablemente respetados, el país se hallaba inserto en los circuitos económicos mundiales y había ángulos múltiples en el debate público: los 40 años de república civil previos al chavismo, donde lo militar y sus glorias fueron como nunca asordinados en beneficio de una sensible racionalidad política y económica. Fue un tiempo en el que Bolívar se bajó de los caballos, se vistió de paisano y comenzó a ser debatido.

Debemos entrar de nuevo en esos tiempos, pero muchísimo más a fondo, sin miedo a descolocar por completo al padre de la patria. Porque lo militar y sus glorias no pueden regir a un pueblo sin hacer, de sus componentes, soldados. Porque la libertad que anheló era la propia de la soberanía -independencia- y ella poco vale si quienes habitan el territorio no son individuos libres con derecho a ir en pos de sus sueños. Porque España no es una desnaturalizada madrastra, sino parte integrante de nuestro ser que debemos entender para entendernos. Pongamos a Bolívar en su lugar: genio político-militar que desencadenó un proceso de devastación material y espiritual que nos dejó como legado la cultura del sobresalto violento quimérico permanente. Coloquemos a España en su puesto: raíz principal de la nación por la vía del catolicismo y la lengua española, que nos conectan a Occidente y a valores en donde el individuo, su libertad y su responsabilidad son centrales. Veamos cómo podemos retomar así el camino hacia un país fuera de tercos automatismos colectivos que lo condenan al fracaso. Cuando Bolívar descanse en la paz que nunca nos dio, podrá advenir la república de ciudadanos libres e iguales que necesitamos.

Carlos Leáñez Aristimuño es profesor de la Universidad Simón Bolívar (Caracas).
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Noticias Internacionales / Re:SITUACIÓN EN VENEZUELA
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Venezuela: Bolívar no, España sí
12.10.19.-

Venezuela nace sobre un error: la secesión temprana y traumática del Reino de España, del cual éramos parte orgánica y nos dio el ser.
Venezuela nace sobre un error: la secesión temprana y traumática del Reino de España, del cual éramos parte orgánica y nos dio el ser. En efecto, no existíamos como pueblo antes de la llegada de los españoles. Quienes habitaban estas tierras no éramos nosotros, eran simplemente sus primeros pobladores. Para que el nosotros se constituyese debía darse el encuentro entre sus dos elementos fundamentales: las muy diferentes -amén de enemigas- tribus indígenas y los españoles.

 Una vez dado el encuentro comenzó el nosotros, la vertiginosa forja de un pueblo nuevo: los descendientes de factores muy distintos juntan sangres y costumbres. Lo indígena pervive, mas ya no en un plano preponderante. El catolicismo y la lengua española -con sus maneras y acentos particulares en cada lugar- se vuelven los códigos primeros de organización de la existencia de cada quien: ha nacido un pueblo nuevo cuyas coordenadas esenciales remiten a España. Bolívar lo admite: "Un comercio de intereses, de luces, de religión; una recíproca benevolencia; una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros padres; en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España".

Pero Bolívar -incansable, audaz, brillante y feroz- es el principal actor de la pulverización de "todo lo que formaba nuestra esperanza". Inevitable, quizá, ese resultado, al darse la convergencia del genio político-militar con el sentimiento de que la Corona borbónica afectaba privilegios de su estamento, con el naufragio de España ante Napoleón, con las nulas dotes políticas de Fernando VII, con el empeño inglés en fragmentar el Imperio... Mas no fue fácil. Salvo una parte de la ínfima capa mantuana -dueña del país-, prácticamente todos valoraban a la Corona como benéfica y fuente de la legitimidad del poder. Éramos españoles. Por lo tanto, hubo que forzar una guerra civil de secesión -propagandísticamente rotulada como de independencia entre realistas y patriotas- desplegando ferocidad y la más hiperbólica versión de la leyenda negra antiespañola.

Para separar lo que era uno, Bolívar hubo de ponerse al frente de un cataclismo que, según cálculos conservadores, arrasó con un tercio de la población y desintegró el tejido social y económico. La ferocidad entre 1813 y 1820 fue máxima y avalada por el Decreto de Guerra a Muerte de Bolívar: "Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables". Sólo este tipo de guerra, al dividirnos artificialmente y provocar el terror, fue capaz de separar, movilizar y confrontar. Y vaya si hubo terror. Bolívar escribe, tras la llamada Campaña Admirable, que, a su paso, "todos los europeos y canarios casi sin excepción fueron fusilados". Peor: centenares de prisioneros y enfermos fueron ejecutados -con frecuencia degollados para ahorrar municiones-. Ante las peticiones de clemencia del arzobispo de Caracas, Bolívar responde: "Uno menos que exista de tales monstruos es uno menos que ha inmolado o inmolaría a centenares de víctimas". Monstruos, afirma también en la Carta de Jamaica, "insaciables de sangre y de crímenes", que deben ser combatidos "hasta expirar o arrojar al mar" porque "... rivalizan con los primeros monstruos que hicieron desaparecer de la América a su raza primitiva con furor en los campos y en los pueblos internos". No sorprende entonces esta acotación: "Más grande es el odio que nos ha inspirado la península que el mar que nos separa de ella". Lucha armada, liderada, claro, por militares: lo civil bajo tutela, subordinado, en sordina. Odio a España: corte con los vínculos con Occidente, los capaces de permitirnos perfilar la noción de individuos responsables acreedores de libertad.

Tanta destrucción y odio aplicados a lo español -auténtica automutilación- no pueden conducir sino a lo que el propio Bolívar señala: indigencia, soledad. Leamos: "En cuanto a la heroica y desdichada Venezuela, sus acontecimientos han sido tan rápidos y sus devastaciones tales que casi la han reducido a una absoluta indigencia y a una soledad espantosa, no obstante que era uno de los más bellos países de cuantos hacían el orgullo de la América. Sus tiranos gobiernan un desierto y solo oprimen a tristes restos que, escapados de la muerte, alimentan una precaria existencia: algunas mujeres, niños y ancianos son los que quedan". Más temprano, en 1814, indica: "Una devastación universal ejercida con el último rigor ha hecho desaparecer del suelo de Venezuela la obra de tres siglos de cultura, de ilustración y de industria. Todo ha sido anonadado". Todo. ¿Por qué desgarrar lo que "formaba nuestra esperanza", lo que construyó "uno de los más bellos países" sobre la base de "tres siglos de cultura, de ilustración y de industria"? Por la "libertad" y por la "gloria", según escribe a su tío en 1825: "¿Dónde está Caracas? se preguntará usted. Caracas no existe; pero sus cenizas, sus monumentos, la tierra que la tuvo han quedado resplandecientes de libertad; y están cubiertos de la gloria del martirio. Este consuelo repara todas las pérdidas". Claro. Ante la magnitud de las mismas ha de procederse de inmediato a erigir y mantener un altisonante relato donde los autores del cataclismo se tornan semidioses forjadores de un momento mítico de gloria, desprendimiento y heroísmo absolutos que nos da el ser, forja la legitimidad del poder e imprime la misión del pueblo venezolano.

Venezuela nace sobre la gloria del martirio. Los mártires -todos hombres de charreteras- y sus descendientes -por consanguinidad o por afinidad política- purgan lo español y quedan legitimados para repartirse bienes y poder político invocando ser los auténticos sucesores de la gesta del XIX y de Bolívar. Siempre hay una guerra a muerte que librar contra algún imperio del mal y la misión del pueblo es seguir a los sucesores hasta la victoria final que nunca llega. Así, la misión eterna de los venezolanos es la lucha por su soberanía y la de otros pueblos ante los poderosos malvados de turno, acumulando más y más gloria. Así, hoy, ante todas las calamidades que ocasiona la revolución bolivariana en la cotidianidad, se responde: "Sí, pero tenemos patria".

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Un fin de semana de respiro para Mauricio Macri: calor popular y triunfo electoral

12.10.19.-
Juntos por el Cambio, la coalición oficialista, retuvo el domingo el Gobierno de la provincia de Mendoza, mientras el presidente participaba en una gira por el país de cara a la segunda vuelta

Tras semanas de fuertes complicaciones, el presidente argentino, Mauricio Macri, ha logrado un respiro en los últimos días al combinar una masiva manifestación en su apoyo con un importante éxito electoral. Juntos por el Cambio, la coalición oficialista, retuvo el domingo el Gobierno de la provincia de Mendoza, una de las cinco más importantes del país y eje de la industria vitivinícola, con un claro triunfo sobre el kirchnerismo.

Rodolfo Suárez se impuso a Anabel Fernández Sagasti con un 50 por ciento de los votos frente al 35 obtenido por su competidor, una diferencia mucho más amplia de la esperada. "Mis felicitaciones a Rody Suárez por la excelente elección del día de hoy. Quiero felicitar también al gobernador Alfredo Cornejo por su gran gestión y su apoyo decisivo para alcanzar este resultado", escribió Macri en Twitter.

Suárez pertenece a la Unión Cívica Radical (UCR), integrante de la coalición de Gobierno que lidera Macri, y sucederá a Adolfo Cornejo, presidente del radicalismo, que en medio de la celebración por el triunfo puso la mira en las elecciones presidenciales.

"Vamos a colaborar todo lo que se pueda para el 27 de octubre tratar de revertir el resultado de las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias)", dijo en referencia a las primarias que el 11 de agosto le dieron un amplio triunfo al peronista Alberto Fernández sobre Macri.

Cornejo tiene diferencias políticas con Macri, aunque se mantuvo a una distancia prudente de la elección provincial. Esta semana el presidente argentino estará en Mendoza en el marco de la gira por todo el país con la que pretende remontar la diferencia con Fernández y llegar a una segunda vuelta electoral el 24 de noviembre.

Para ganar la elección presidencial en primera vuelta, un candidato debe superar el 45 por ciento de los votos o llegar al 40 con una diferencia mayor a diez puntos sobre su inmediato perseguidor. Fernández obtuvo en agosto el 49 por ciento contra el 33 de Macri.

El actual presidente cree que puede llegar a la segunda vuelta electoral, y así se lo dice a todos sus interlocutores. El sábado le ofreció una razón para creer en lo que es ampliamente visto como un milagro político: una masiva manifestación en Belgrano, un barrio acomodado de la capital argentina, marcó el inicio de una gira en la que visitará 30 ciudades bajo el lema #SíSePuede.

Consciente del daño que la devaluación del peso generó a su candidatura, combinada con alta inflación y recesión, Macri lanzó en las últimas horas un vídeo en el que dice entender la "bronca" que muchos de sus votantes sienten por él, pero les pide su voto asegurando que los "escuchó" y que llegó el momento de un alivio económico y mejores salarios. La promesa del presidente generó críticas en muchos sectores, ya que las perspectivas inmediatas de la economía argentina no son precisamente esas.
SEBASTIÁN FEST
@sebastianfest
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